La obra de José Cosme interpela ante la cultura del descarte y plantea una visión-revisión de la realidad conocida, del pasado presente, en un lugar marcado por un gran generador Atlas Diesel de Estocolmo que abastecía de energía eléctrica a la estación del Mediodía y talleres ferroviarios del MZA. Lo hace mediante instalaciones de piezas de espejo que reflejan el generador, así como de obras visuales.
Una de las cuestiones que trabajo en mi proceso creativo y que se plantea en las obras es romper con la búsqueda de lo nuevo, lo práctico, lo valioso y reflexionar sobre lo habitual, lo cotidiano, lo insignificante o lo descartado. Aquello que no busca un reconocimiento inmediato o global, que no está acreditado por los likes de las redes, que transciende los estereotipos de nuestros gustos masificados y convertidos en modas pasajeras. Tal vez en esas cosas sin importancia, en esas vidas cotidianas, en esa existencia anti-fama y efímera, se encuentra una belleza genuina, un universo de experiencias que hacen que la vida se perciba nuevamente como rica, sorprendente, interesante y, sobre todo, menos frívola y mercantilista.
El error de “todo lo NUEVO es mejor”. Es mejor el planteamiento de una nueva mirada por encima de la cosa. Es nuestro enfoque el que crea y renueva, el que da vida y el que hace fluir no solo en dirección a lo nuevo sino en búsqueda de lo auténtico.
La tecnología en desuso, lo analógico, convive con la IA y es también parte de la visión posthumana. Sobre su propuesta de “Metarrealidad de las cosas efímeras” Cosme dice: “Me interesa experimentar en estas obras el arte como parte del desarrollo humano unido al desarrollo tecnológico, pero también a la recuperación de tecnología pasada. La utilización del Low tech —tecnología barata o tecnología en desuso— está también dentro de una propuesta social que planteo, y evoca la necesidad de luchar contra la cultura del descarte social, que es una actitud implantada en la sociedad tecnológica”.
Las obras de lienzos blancos con óleo y suciedad, los monitores con vídeos, las fotografías y la instalación de reflejos plantean la necesidad de percibir las diferentes energías más allá de la materia.
La máquina de escribir se presenta como una visión del acto humano que desarrolla los algoritmos de forma analógica, siendo la causa de la IA y el resultado de una sociedad posthumana que puede ser manipulada. Diversas piezas buscan recuperar el valor de lo povera y low-tech en una sociedad de alta tecnología.
No debemos considerar la tecnología como un desafío diferente a cualquier otro material o recurso. La reivindicación del low-tech se manifiesta en su uso: la permanencia de un recurso obsoleto y su reutilización, no por su nivel tecnológico avanzado, sino por su capacidad de uso creativo.
La apropiación de objetos descartados, anacrónicos o decadentes mediante los textos FOREVER, NEW y ETERNITY cuestiona nuestra primera visión práctica de la realidad y evoca una nueva experiencia de lo efímero y la realidad.
La pieza de metacrilato espejo refleja tanto el espacio industrial como al espectador. Este puede identificarse como parte de la obra y cuestionarse si la sociedad también podría tratarlo como un objeto de descarte.