Esta es la pregunta que nos lanza José Cosme con sus instalaciones y vídeos en el museo La Neomudéjar. Ante todo hay que destacar que el mismo ambiente de la sala de máquinas ya le genera un significado ineludible: la permanencia de la memoria en los objetos, el portal entre pasado y presente que deviene constantemente; las turbinas, las conexiones eléctricas, los relojes que marcan diferentes presiones, energías, corrientes, voltajes y potencias son toda una metáfora de la existencia.
Pero volvamos a la pregunta. Aparentemente puede ser igual, pero un sencillo análisis nos devela que cuando empleamos la palabra eterno está directamente relacionada con un hecho que no ha tenido principio ni final, por tanto está fuera de la afectación del tiempo, mientras que “para siempre” indica que hay un momento inicial que da origen a algo que debe permanecer incólume.
Así nos vemos abocados a esta aparente dualidad que en la práctica se resuelve con la narrativa que propone Cosme. Hay actos repetitivos que pretenden resaltar el énfasis, mientras otros son rutina; hay gavetas por examinar y otras que nunca serán abiertas; hay gotas que caen y otras que se evaporan antes de tocar la superficie; hay momentos que se arruman y otros que son efímeros.
Y qué mejor respuesta a una pregunta que otra pregunta: ¿qué es eterno? ¿Qué es para siempre?
Al escoger la pregunta, seguramente estaremos estableciendo una escala, una intención en cuanto a lo que percibimos, lo que deseamos y la forma en que nos relacionamos.
Espero que lo que observe, piense, sienta y viva en esta sala de máquinas le ayude a decidir entre lo que es eterno y lo que es para siempre.