José Cosme (Valencia, 1968) asume para la muestra El Todo y la Nada (MACBO, marzo de 2018) la construcción de un alfabeto sensible que permite retomar algunas interrogantes fundamentales para la interpretación de la realidad. Este gesto, concebido como un diálogo de saberes y experiencias, está conformado por seis propuestas de carácter instalativo, donde cada una de las obras interpela al espectador y lo convoca a desplegar preguntas desde lo agónico y contingente: ¿qué es la naturaleza? ¿Qué es el espíritu? ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la trascendencia?
A través de este ejercicio el artista elabora una visión crítica de la contemporaneidad y coloca en el horizonte de su reflexión las inquietudes por el sentido de la vida, el significado y devenir del ser humano y sus vínculos con el universo. De esta manera, elabora una cosmovisión que problematiza la naturaleza del ser como territorio para definir la existencia. Al tiempo que elabora una reflexión sobre lo sensible en el contexto de las propias prácticas artísticas contemporáneas. Es decir, Cosme construye un ejercicio no sólo existencial por su interpelación antropológica, sino autorreflexivo porque incorpora la pregunta: ¿qué es el arte? Lo hace bajo un diálogo explícito con ciertas manifestaciones del arte de posguerra comprometidas con la concepción arte y vida.
Así, articula una noción del universo desde una perspectiva propiamente humana, que hace del arte un itinerario para la interpretación del estar en el mundo. Se trata de una mirada cuyo vocabulario confronta lo simple y la complejidad; la identidad y la diferencia; lo puro y lo contaminado; el orden y el caos; lo inmanente y lo trascendente; el todo y la nada.
La muestra elabora una serie de preguntas que se construyen mediante un lenguaje apoyado en opuestos complementarios. El orden y el caos, por ejemplo. La gravidez y la levedad, la transparencia y lo corpóreo, lo racional y lo irracional. Desde el punto de vista simbólico el artista despliega un territorio cromático donde el color blanco supone un espacio de pureza y de expresión de un ser esencial, un ser presente en ausencia. No obstante, sobre la base de este juego de tensiones dialécticas, la noción de peso, de materia corpuscular, de masa, de tierra o polvo, de suciedad, de expresión contingente o de imaginación despliegan un contrapunto singular dentro del conjunto de instalaciones.
En la instalación El todo y las partes (2003–2018) José Cosme construye dos momentos que se entrelazan sobre las imágenes del cerebro y de los zapatos. Ambas representaciones, mostradas desde el blanco como bajo continuo del discurso instalativo, despliegan una melodía cromática permanente que pretende significar lo sublime, puro y trascendente.
El todo y sus partes sugiere un método para aprehender la realidad, donde las formas de la razón quedan expuestas en su condición orgánica y simbólica a través de la representación del cerebro. Al mismo tiempo, el emplazamiento de los zapatos, los propios del artista, pero también los de la comunidad, muestran la idea del tránsito, del devenir humano. Hay aquí un sentido de implicación, una huella de fricción y vida. Desde esta mirada la vida queda esbozada como acto del conocer, también como acto del estar allí.
Este acto contingente, grávido, corpóreo, telúrico, queda esbozado de manera explícita mediante la instalación Kilos Trascendencia, botes trascendencia (2018). Se trata aquí de alterar, mediante el despliegue textual y objetual, la percepción que tenemos sobre la idea de sobrepasar el ámbito de la propia experiencia. Bajo esta proposición el artista convierte en materia aquello que, como el espíritu, trasciende. Lo introduce dentro de las formas que habitualmente contienen cuerpos grávidos: arena, cemento, pigmentos. Hace de la trascendencia, como texto, materia; la dispone en un volumen y un peso determinado. Por lo tanto, hace de ella una metáfora densa que gira hacia el centro de gravedad de todas las cosas; por tanto, es también potencia telúrica.
De la huella a lo espiritual. Lo efímero, lo eterno (2018) representa una declinación de la serie Nihilismo trascendencia (2003), realizada por José Cosme para una exposición en la Universidad Politécnica de Valencia. En esta serie la tela blanca se convierte en un manto que registra la huella del polvo, los signos inscritos por lo sucio, lo manchado, lo impuro, lo alterado. Se trata de una proposición que dialoga con la tradición pictórica: el plano de la tela es el escenario para el registro de lo invisible, de lo marginal. Pero este plano pictórico es desbordado; lo blanco y la tela se despliegan e inundan el espacio, traspasando el plano del cuadro.
La referencia al movimiento artístico Fluxus es una marca presente en toda la exposición. Específicamente, el trabajo de José Cosme propone un diálogo con la obra del artista alemán Joseph Beuys (1921–1986). Sus puntos de encuentro se construyen a través de la condición antropológica de la experiencia artística y sus implicaciones: los vínculos estrechos entre el arte y la vida, pero también la necesidad, contextualizada en las condiciones de época, de que la existencia recupere una dimensión espiritual que permita retomar alternativas para la transformación de las realidades desde una perspectiva humanista.
En este sentido, en el conjunto de piezas que integran la instalación Percepción sentido (2018), la idea del cuerpo beuysiano como vehículo vital se hace evidente. Al tiempo que las referencias a Fluxus se hacen explícitas mediante la inscripción textual de conceptos-fuerza sobre las imágenes: revelación, trascendencia, huella, redención, vida y signo. En este conjunto de piezas, integradas por una serie de autorretratos intervenidos, la proyección de un vídeo con la imagen de un ojo y una serie de impresiones en seda de fragmentos corporales, la transparencia y la levedad ejercen nuevamente un contrapunto a la idea del cuerpo como espacio liminal entre el todo y la nada.
Naturaleza, vida y muerte. Arte Pobreza y Dignidad (2018) representa un pequeño relato dentro del discurso general de la exposición, donde la potencia vital y las vías para la trascendencia se convierten en proposiciones para la emergencia de la justicia social. El tema de reflexión, en este sentido, es la posibilidad de suprimir la falta de alimento en el mundo mediante la capacidad de generar un tipo de arroz, arroz dorado, que se produzca de forma extensiva.
La última de las obras que componen la exhibición recibe el título de Sueños, revelación, almas y perchas. Está compuesta por la instalación de telas cubiertas de mallas de alambre, bombillas, perchas, nubes simuladas; además, un vídeo que nuevamente proyecta la imagen de un ojo. En esta instalación, la representación de lo disímil resulta una vía para el despliegue del universo profundo de la realidad interior. Una forma de colocar la importancia del arte y de la imaginación como sustancia vital para la creación, cualidad también de los procesos que definen lo humano.
Este conjunto de obras ensambla un recorrido que propone preguntas esenciales para la comprensión de lo humano en su movimiento temporal y físico, en su devenir histórico y social. La vida, el ser, la presencia y la ausencia, el espacio y el tiempo, la revelación, la salvación, la belleza, la redención, lo visible, lo invisible, lo sublime, la verdad. Son las preguntas que desde el arte han acompañado a José Cosme en la elaboración de un alfabeto de referencias que permita retomar la pregunta por el ser que haga justicia a la vida y su potencialidad de trascendencia.
Se trata de retomar una vieja pregunta por la presencia del ser en el mundo y sus conexiones con las realidades que lo albergan y contienen. Porque no se trata solo de una alienación en términos de la producción material lo que afecta y amenaza al ser humano, sino una alienación mucho más grave y profunda: una condición que no le permita aprehender los propósitos de su existencia en relación al universo y las realidades que lo contienen; es decir, habitar un mundo sin lenguaje creador, sin posibilidades de comunión ni redención alguna. Un mundo sin la capacidad de creer, tampoco la de crear. Quizás un mundo sin arte, ni dignidad, ni trascendencia.